Durante su estancia en EEUU, como estudiante en la Universidad de Houston, Ángel Sanz conoció a Paul Crow, un filántropo amante del deporte, que fue asignado como su mentor.
Crow le inculcó la importancia de fijarse y cumplir unos objetivos, así como de mantener un equilibrio personal, profesional y deportivo. Le hizo ver la necesidad de formarse, de educarse y de asumir valores como la honestidad, la generosidad y la amistad. En definitiva, Crow le abrió lo ojos a Sanz: lo importante no era ser una celebridad sino desarrollarse como persona.
Después de doctorarse, Sanz agradeció a su mentor lo que había hecho por él y se comprometió a hacer lo mismo por alguien más.